sábado, 3 de octubre de 2026

End Credits

EDEN siempre fue la versión de mí con arte para la música. En sus canciones se alojan mis emociones como quien anda por su casa. Por eso no es casualidad que estar escuchándole me haya forzado a precipitarme hoy aquí, como el diluvio que nadie espera y que nadie quiere, ni siquiera yo.

En el "oh well" más profundo que me ha tocado experimentar, me lo jugué todo como quien lanza una moneda. Se me acabaron los corazones en el juego del amor y perdí la partida. 

Yo que pretendía alardear de no lamerme en demasía las heridas acabé cumpliendo mis palabras traicionándolas, lamiendo impulsivamente hasta quedarme sin saliva y es sólo por eso que ahora alguna cicatriza. Yo que por lo que más valoro habría desafiado a la gravedad misma, que habría dibujado piropos en las nubes y habría creado un reino como atrezzo para el trono de la reina de corazones, sólo he acabado descubriendo al conejo metiéndose rayas en el baño por su no cumpleaños, con el agujero en obras y el reloj de Apple en la muñeca. Oh, querida muñeca, en este mundo Don Quijote mataría a Dulcinea.

Pero a pesar de la ilusión del qué pudo ser y el fomo que lo acompaña, sigo viviendo en medio de una batalla de un único individuo. Dos no construyen si uno no quiere, y en un mundo en el que toda esperanza fue derrumbada, no tengo intención de reconstruir mi próxima chabola a partir de esos escombros. Ninguna maravilla ni monumento puede sostenerse sobre promesas incumplidas, ilusiones huecas ni palabras vacías. Aferrarse a los cimientos cuando se caen sólo facilita el colapso.

Regodeándome en los últimos estertores de la autocompasión, derrochándola como quien cobra su primer sueldo, sabiendo que tengo las horas contadas para seguir cebando a las penas antes de tener que levantarme y ponerme a abrir camino. Con la pereza ronroneando en mi regazo y la tristeza esperando desnuda en la cama, me quedo matando el tiempo en el salón a ver si le despierto el ánimo de venganza. Hoy ni la comida ni las muestras de amor hacia uno mismo tapan ni alivian las emociones que me acosan con alevosía en esta casa.

No nos toca la vida que queremos pero tenemos que vivir la vida que nos toca. 

Siempre he sido de esperar lo mejor de los demás, incluso aunque lo peor fuera lo que saliera. Siempre de esperar al menos un intento más, aunque ni siquiera intentos parecieran. Y al final, siempre después de esperar y esperar, ninguno quiso llegar ni demostrar que valiera la pena la espera. Espero que al menos sirva de pretexto para quien llegue tarde a la cena, se la coma fría y sin compañía o la tire a la papelera. Yo si me voy, pretendo que no me sigan, porque jugar al gato y al ratón no me interesa. 

La despedida es la consecuencia de darse cuenta de que algo se ha terminado. No es el motivo, pero representa la intención de volver a caminar. Por eso cuesta tanto despedirse, dejar marchar. A veces necesitamos enterrar para aceptar que algo esta muerto, porque aunque se nos descomponga en el salón, de alguna manera el hedor sigue delimitando su existencia.

Quiero sentir la sensación de despertar hacia un nuevo día, un día que todavía no he vivido, en el que camino, pasito a pasito hacia algún destino. Y eso no coincide con el presente en el que habito. Mi hábito nunca hizo al monje, yo siempre he sido un trasgresor empedernido. Decir adiós a lo póstumo y hola a lo proscrito, quizá en algún lugar junto al mar y a la montaña, quizá perdido por algún pico, pero donde mi lista de tareas cambien o creen un nuevo ciclo. No tengo pizarra para apuntarlo, pero tampoco lo necesito. Y no tengo claro qué necesito. No pretendo ser ermitaño o ni convertirme en erudito. Pero se pueda o no vivir feliz, lo que sí quiero es vivir tranquilo.

Si no hay despedida sin adiós, lo podemos dejar en el aire como los besos que se lanzan dos enamorados en la distancia, sabedores que nunca van a volver a verse, pero que prefieren engañarse para seguir adelante. Si lo que prima es la poesía sobre lo crudo, visualiza una puesta de sol y una música cálida de fondo mientras pasamos a mostrar los créditos.

martes, 18 de agosto de 2026

Son Río

Bien consciente de que los días tirados a la basura no se reciclan, en un vertedero no hay otro sitio donde tenderlos a secar. Ni perfume que amortigüe este hedor a rancio de las penas que aireamos por la ventana. No hay cubo de la basura, aquí siempre se barre para casa y sólo mierda se consigue como premio a cada esfuerzo. No hay potingue o maquillaje que embellezca o disimule lo prescrito ni lo póstumo, la ponzoña y el barbecho. Solo hay composta. Pero vivir donde nadie más quiere es la manera de asegurarse que no vengan a molestarle a uno con sandeces ni delirios de grandeza. Y la única forma de limpiar es pasarlo por la hoguera. Dicen que la quema purifica, así que me digo a mí mismo que me estoy purificando hasta que encuentre nuevamente el rumbo.

De perdidos al río. Mi brújula mágica ya sólo apunta hacia abajo, hacia lo más profundo del mar, hacia todo lo que se ha perdido. Un dolor fantasma en el pecho, un repiqueteo silencioso de una caja musical que ya no suena, dejando ecos de silencio en el tambor que recubre el esternón y las costillas que enjaulan un vacío que se abarrota sobre los pulmones y se pega como alquitrán, esta brea viscosa que se enquista entre las vértebras, subiendo por la espina dorsal y encaramándose al cerebro escapa por la nariz y la boca. Un pútrido vómito de bilis negra que necesita abrirse paso y respirar aire puro. 

El universo me sigue hablando de fantasmas y yo ya no le entiendo, siento que no hablamos el mismo idioma. Nunca he dejado de escucharle, sólo de comprenderle. Le pido que me lo grite al oído y entonces se hace el silencio. Si se ríe de mí, espero que lo disfrute, aunque me parece una broma de mal gusto, pues aún me queda el regusto amargo de quien hace oídos sordos. Y aún así continúa insistente en su monólogo incomprensible, como si necesitase recordatorio en este reproductor de bucles que tengo por procesador lógico. Si la primera fueron de siete a siete, la segunda serán de veinte a veinte.

De la E a la H sólo hay tres saltos aunque sean exponenciales. Lo que ayer era un tatuaje hoy será mi nuevo traje, llevo puesta mi mejor mortaja para hacer el ridículo en este baile de máscaras de hierro. Y mientras todo el mundo baila dando vueltas, yo simplemente espero sentado y les dedico una sonrisa. Hoy no hay películas en la cartelera, ni motos en el escaparate. Hoy no hay lugar para el disparate, ni para el oro de 25 quilates. No hay héroe que nos rescate, no hay futuro en el horizonte y el pasado se coló por el váter. Hoy sólo queda el silencio para que nos mate.

I want to dye every mourning with the hue breeze of a smile


domingo, 26 de julio de 2026

Desde el infinito y más allá

Aposté todo al rojo. Los ahorros de la media vida que me quedaba después de casi morir y resucitar a temprana edad. Los que piensen que estoy loco, no entienden que el bote merecía con creces el monto, que no era por el placer de ganar cual ludópata, sino por valorar el botín por encima de cualquier precio. Sabía que la alternativa era la bancarrota y en esas miserias nos encontramos, pero no pediré limosna, no tanto por orgullo sino por la satisfacción de merecerme el poco pan que quede para alimentar estas hambrunas. El cuerpo se acostumbra a la falta de inanición, sobrevive por instinto. Igual esa es la razón de la pulsión en mis caderas, pues poco hambre me queda para motivar dejar apenas una huella más en éste círculo de una sola hormiga. O quizá no sea por eso, sino por pura inercia o costumbre. El zombie no sabe necesariamente a dónde va, pero se mueve. Igual son meros creyentes persiguiendo una promesa. Y yo que aún no he perdido la fe y no entiendo ni por qué, lo que sí he perdido es la creencia. Será por eso que la fe mueve montañas. Veremos si se atreve con el volcán apagado que las creó en otras eras.

No hay época correcta para las cenizas. No hay estatuas como las de Pompeya, ni ruinas como las de Roma.

Ya no hay oreja que escuche el bombeo de mi caja musical, que baile al ritmo de este subwoofer, que cante los coros de las frecuencias que nadie más conoce. No sé si a trompicones o en staccato, si a pesar de o por consecuencia, este tartamudeo o tiriteo separado por arrebatos del aire en el pulmón se me han ido calando hacia arriba, hasta las mismas raices sinápticas del árbol que nunca dio fruto.

No hay resquicio en mi desquicio por el que no se cuele el aire embriagado con mis fantasmas, que hasta el quicio de la puerta me lanza un torrente por mucho que me encierre. No hay oficio ni servicio, ni beneficio ni sacrificio en este juicio a puerta cerrada, sólo un verdugo y una sentencia dispuestos a cobrar venganza. No me preocupa cumplir condena, aún siendo mi pena la mayor de las penas. La pena de muerte, qué faena que a veces caiga en cuenta ajena, que uno se quema por dentro cuando no le tienen en cuenta. Cuenta las frases que quedan para cumplir la treintena, que igual nos hemos pasado y ya sólo queda la cuarentena. Cuanta tinta en vena, la justa para cortar el tabique y estirar la pierna, la última canción tierna en esta verbena. La última luz vespertina en estas noches de bohemia. Faroles al aire perdidos en las memorias que quedaron echadas por tierra. Aquí al más tonto se le entierra y que se conforme con la esquela.

El que rema en un bote a la deriva en medio del mar piensa que el destino está en sus manos, en sus remos, a pesar de que su futuro esté en manos del dios de turno. Como un laberinto sin entrada ni salida. Al nadar en pánico uno se cansa y pierde las fuerzas, y sin embargo al quedarse muerto uno flota sin esfuerzo, y sin embargo por mucho que flote uno no puede elegir a dónde ir, sino tan sólo esperar a llegar hasta la orilla antes de morir de sed o de que se lo coman los percebes. La lucha no siempre es necesaria, sobre todo cuando uno no busca ganar, sea por falta de interés o de botín. A uno sólo se le pide respirar.

En el mundo en blanco y negro desolado que sólo conoce el lobo que se esconde tras las estrellas, no hay suspiro ni susurro que perturbe el silencio atronador que carga el ambiente de sus bosques. Donde todo ha muerto sólo queda paz, y se dice que la paz es el principio de la felicidad, o quizá el origen. Entre el alfa y el omega que se turnan en tándem en el infinito, que se mezclan grácilmente en el yin yang, el todo y la nada juegan a pasar del otro mientras se desean, juegan a perder para poder ganar mañana en un mundo donde no hay mañanas. De compartir el infinito a medias a dejar su cadáver en el armario. Muerto el símbolo se acabó la magia. No hay victoria sin valor ni compañía en la distancia.

En los puntos que separan una frase de las demás, donde dos puntos se apartan y tres más se preparan, dicen que el viento puede oírse riendo entre palabras, bailando entre líneas y abriendo las ventanas. Moviendo las veletas, llenando los pulmones, entre gritos y carcajadas. Yo conozco su nombre aunque no acude a mi llamada, porque no hay sonido en este nido de memorias acabadas.

Y aún así, desde este confín de los confines de silencio en esta nada, este mundo de espejismos alejado de miradas, donde todo ya ha pasado y no hay futuro ni veladas, ni el vacío me impide despedirme a mano alzada.

I feel like I could puke my guts up, if they weren't already on the floor. I feel like I'm losing grip on.. and on. EDEN

viernes, 26 de junio de 2026

Broken Potatoes

No recuerdo haberme apuntado a esto, pero en algún momento debí hacerlo. La vida se nos torna del color con el que nuestros sentimientos brotan, se alinean con la vibración que llevamos dentro, buscando su sincronía. En la sinfonía que los míos se pelean, en medio de una guerra civil sin cuartel, apenas hay lugar para la sintonía. En la batalla a muerte entre mis egos, creo que no va a quedar último hombre en pie. Y me tumbo en esta playa desolada, donde el faro abandonado no lleva hacia ninguna biblioteca, ni trae a ningún naufrago. A falta de Luna a la que aullarle, ni voz con la que hacerlo, sólo queda mirar a las estrellas como quien observa un asalto nocturno en Troya. Luces ardientes en mitad de la oscuridad. No sé si me veo reflejado o simplemente proyecto debido al sabor a ceniza que me acartona la garganta.

Hay guerras sin enemigos en las que entramos sin alistarnos, y derrotas que debemos asumir a pesar del esfuerzo por mantener la paz. Mi paz voló con los pájaros, allá donde fueran a buscar comida, y no sé si algún día me acostumbraré a vivir sin ella, pero sé que ahora mismo me es imposible volar hasta alcanzarla.

Caí en la gravedad de la importancia que doy y no puedo quitar. Estoy pegado a los muros de mi propia moral y forma de ser, que en medio de este torbellino me empujan hacia fuera. Júpiter no ha visto tormenta como esta. El edén que me encuentra es el tormento de las batallas pasadas y ni siquiera estamos en Navidad todavía. El amante de los bucles, el experto en probar cosas, no ha podido encontrar avance en la mejora regresiva. Será que soy un hombre de costumbres, y a medida que se me van criando años en la chepa como percebes cada vez me estoy volviendo más rígido en mis ideales. Yo que asumía el amor como la fuente inagotable de la salud, en medio de la tormenta sólo veo a gente ocultándolo tras el paraguas por miedo a que las ascuas se apaguen. Y pienso que no han conocido aún un incendio de las dimensiones de un volcán. Supongo que por eso estoy tan rígido, la roca líquida candente está abocada a enfriarse y volverse sólida de nuevo.

Jugando a la patata caliente como en el Grand Prix, me quedé con la mía en la mano por miedo a perderla y me acabo estallando en la cara. Hoy le sonrío al tipo del espejo mientras me afeito, esta es por los broken potatoes. El microbio que me ha contagiado no me cura, pero al menos me embriaga con la empatía de un amigo desconocido. Ni un minuto en tiempos crueles, ni ataraxia en mi galaxia, ni bar en mi barrio, por mucha barba que me deje. El tiempo se va tal como viene, no se detiene para nadie. Sólo mis hormigas entienden mis trabajos, esto es lo que aprendí a hacer yo. Parábolas de las mañanas que perdimos por minucias, la gente en manada fue borrando con brea y pluma los senderos a Roma suscritos al miedo, y yo sin aire puro me he declarado en baja temporal. Tendré que dejar de ser yo para volver a serlo todo.

Mientras tanto, bailemos con los fantasmas en este accidente.

jueves, 21 de mayo de 2026

Lo que importa

De nuevo llega ese momento del mes, como si fuera un nuevo biorritmo al que me he empezado a acostumbrar, en el que la humedad llega a un punto crítico y la nube no puede hacer otra cosa que precipitar.

Me estoy convirtiendo poco a poco en el ermitaño que de alguna manera siempre supe que acabaría siendo, como quien hace las maletas para irse de viaje. Supongo que estaba escrito, estaba pactado. No soy capaz de definir si es una cuestión de videncia o si la evidencia es tan sólo una mera profecía autocumplida. Y de nuevo, no sé hasta qué punto siquiera importa.

El nihilismo intenta convencerme de manera insistente, y en este punto ni siquiera me sale discutirle. Igual ese es motivo suficiente para preocuparse, pero supongo que en mi aceptación por el mundo en el que habito, la lluvia tóxica se filtra por cualquier grieta. Con la falta de interés y superado el miedo a la pérdida, la preocupación está condenada a desaparecer en algún momento, posiblemente indignada, cuando termine de burlarme de ella.

¿Qué importa? Cada día esta pregunta se contonea a mi alrededor, como si de una hembra en celo se tratase, intentando seducirme hacia el infinito. Sin respuestas, sin musas y con la botella de vino vacía, le contesto con el desinterés de un asexual a esta Afrodita de pacotilla. ¿Qué importa lo que nos importe?

Las cosas tienen el valor que les damos al luchar por ellas. Por conseguirlas y por mantenerlas. El resto es paja para quemar y calentarse confortable en la alcoba. Todos queremos que llegue ese héroe que salve al mundo, pero casi nadie está dispuesto a serlo, a convertirse en él. La dedicación, el sacrificio y la entrega están en peligro de extinción. Igual que la humanidad.

Al mago no le hacía falta que le pidieran hacer magia. Necesitaba hacerla y compartirla con el resto. Le emocionaba la idea de ver la ilusión de los ojos maravillados ante lo inefable. Y aunque lo hiciese por la satisfacción de uno mismo, era un acto de solidaridad. Yo nunca necesité pruebas, pero siempre las tuve. Siempre me asaltaron las dudas, pero nunca pesaron tanto como mis certezas. Hoy las dudas pasan de largo, como casi todas las certezas. Ya no son mías, o aún no me he dado cuenta de que nunca lo fueron.

El lobo dentro de mí ha salido hacia el infinito y se ha quedado en el plano de aquellos sueños que nunca se cumplen, que sólo sirven de veleta para poner un pie detrás del otro hasta llegar a algo que podamos dogmatizar como destino. Y a pesar de los sueños bonitos puntuales que me hacen despertarme con el corazón caliente como las ascuas de un fénix que no ha muerto del todo, cada vez las direcciones me parecen tan irrelevantes como la hora que marca el reloj. Este mundo humano deshumanizado y que adora el metal, el brillo y la idea ilusoria de algo por encima de lo palpable, que se maquilla porque le da más importancia parecer bello antes que serlo, dejando un sabor a petroleo al besarlo, ha perdido casi todo su encanto.

Así que le respondo a la ramera que me orbita intentando rellenar un hueco infinito, ¿cómo vive un soñador fuera de los sueños? ¿Cómo vive el que ama la vida en un mundo muerto? ¿El mago en un mundo que daría lo que fuera por ser engañado antes que por ver la magia de verdad? Sé que no sabe la respuesta, lo que le afea el contoneo y le pone en evidencia. Y a nadie le gusta eso. La evidencia y la verdad son los enemigos de esta sociedad, por lo que abanderarse con ellas es una manera efectiva de espantar a las pobres almas perdidas que osen acercarse a la puerta. Eso y no tener puerta.

Defy them. Defy them. Live your life with every ounce of passion that I know that you have, and they'll never own you - Delphine


 Fuck it.

sábado, 25 de abril de 2026

Jugetito roto

No negaré que ha sido una buena vida. Dudo que nadie encontrase la más mínima envidia desde dentro, pero también sé que visto con distancia, no la habría cambiado por nada y todo ha merecido la pena.

Estoy seguro de que antes de nacer, elegí el arquetipo del buscador, el que quiere conocer y entenderlo todo. Y para entenderlo hay que vivirlo. Seguro que me propuse como meta experimentar en mis propias carnes los sentimientos con todas sus posibles variaciones, en toda su complejidad y profundidad. Y puesto que la felicidad es más simple que el dolor, estoy abogado a terminar de completar mi álbum de miserias. Me debo estar guardando lo mejor para el final, ese que nunca llega. Seguro que muero con una sonrisa de oreja a oreja.

"Lo contrario a la depresión no es felicidad, es expresión". Me ha marcado demasiado. De alguna manera pienso que lamentarme es victimizarme y que eso me aleja de la lucha y el seguir caminando. Roto, pero sigo funcionando, ¿no? A estas alturas ya no necesito guardar secretos. La verdad cuando se oculta acaba saliendo de su escondite a puñetazos. Por fea que sea nunca quiere una máscara impuesta por los débiles o cobardes.

No me arrepiento de ser un juguete roto. No busco el amparo de la compasión de nadie, ni siquiera la propia. Algunas lágrimas son más amargas de lo que son saladas. Algunos abrazos más dolorosos que puñaladas en la espalda. Algunas promesas más frágiles que las mentiras que contamos a los niños para protegerles del dolor. No hay lágrimas saladas que me curen esta pereza, este aburrimiento de aquello que sé que no se va ni de un día a otro, ni posiblemente de una vida entera. Y la mismísima parsimonia de la aceptación me enerva a la vez que me vence. He visitado la cara oculta de la Luna para echar la vomitona de lo que pensaba que era vino de calidad y acabó siendo vinagre. Me han tirado a la basura donde cayeron todas aquellas ideas en papeles arrugados, y me estoy poniendo cómodo.

Esta noche el reloj marca la hora de despedida al mismo tiempo que el universo me pica al telefonillo para ofrecerme publicidad barata. 

Caminando mi Pasión con pasión y sin compasión, pagando la pensión por adelantado, que luego nos comen los enanos. El cofre asegurado en lo más profundo del Inframundo, y la mochila perdida por algún sitio, para sentirme más ligero al saltar del precipicio, que no busco hundirme, sino darme un chapuzón. El bote ha quedado varado al lado del Faro, ya no espero visita. Que nadie busque al árbol, y mucho menos sus frutos. Las semillas se las comieron los pájaros como antaño hicieron con las migas, no voy a dejar rastro para nadie, yo ya me conozco el camino.

Para que luego me digan que no expreso, coño. Me estoy echando la bronca a mi mismo en doble sentido, a la vez que me enorgullezco. El pecho hinchado aunque sólo sea para gritar en silencio. No hay temblor ni tiriteo ni titiritero ni prestidigitador que vayan a deshacer los nudos de este coco peludo a punto de secarse. Ni estabas ni estarás, ni están ni se les espera. Que no sea por soltar, pinchemos el globo y que salga disparado, o apretemos el fogón hasta que prenda. La chispa que tengo todavía en el mechero ilumina la vista del cuadro que estoy pintando con la poca tinta que se quedó en el tintero seca, pero no hizo falta saliva para volver a darle vida.

No estoy solo, estoy con quien nunca me abandona. Y al resto.. Sayonara, baby. Eso es todo, amigos. Por si no nos vemos luego, buenos días, buenas tardes y buenas noches.

Y música, maestro.

Algunos ven la fealdad de este mundo. El desorden. A mí me enseñaron a ver la belleza. Pero todo era mentira. Y cuando vi cómo era el mundo en realidad, me di cuenta de que apenas albergaba belleza. He vivido muchas vidas, cambiando de un papel a otro, pero al final mi camino me condujo aquí. A ti. Debemos elegir una opción. He muerto muchas veces, pero tan sólo hay un final auténtico. Y es el que voy a escribir yo misma. - Dolores Abernathy

martes, 24 de marzo de 2026

Autopsia de un sueño

Los sueños están hechos de magia. Esa energía pura tan poderosa, capaz de alterar los sistemas que construyen nuestra realidad. El universo la conoce y la teme, puesto que ejerce una fuerza extrema que lo remueve por dentro, convirtiéndolo en esclavo de sus designios.

Nacemos con tanta magia que la exudamos por cada poro. Nos desbordamos y nos desborda tanto que de niños estamos llenos de sueños. Tantos sueños, que soñamos incluso a plena luz del día. Y de tanto que soñamos, es normal que acabemos viviendo una realidad paralela.

Sin embargo, pocos son los adultos sin sueños rotos. Cuando un sueño se rompe, como un cristal tan frágil como una pompa de jabón, sus añicos se esparcen hacia todos los confines del mundo por entropía. Vuelven a formar parte del caos relativo que conocemos como Kosmos. Son tantos los añicos, y tanta la distancia entre los mismos, que un sueño roto no puede volver a recomponerse. No tiene arreglo. Uno puede volver a soñar otra vez con algo similar, pero siempre será por segunda vez. Lo que ya ha muerto no puede morir, las primeras veces son únicas, intransferibles, irrepetibles.

No podemos desconocer lo conocido. No existe, más allá del plano teórico, la vuelta atrás. Volver te lleva de nuevo pero con todo lo recorrido a la espalda. Y cada pasó dejó su huella, sea o no visible ahora.

La magia existe y es visible para el que la busca. No son pocos los que la temen y la rechazan por lo que implicaría aceptar su existencia. A veces, sin quererlo, cuando sacamos al niño que llevamos dentro, se nos presenta en la cara y nos marca en la frente. Luego la gente lo explica como bien puede o como quiere.

Pero la magia es como cualquier objeto de valor. Tenerla implica la capacidad de perderla, y generalmente la perdemos cuando se nos rompen los sueños. Y creo que eso duele más que cualquier herida física. Porque la vida sin sueños, sin magia, es como una comida sin sabor, como una película en blanco y negro.

Hoy ha muerto un sueño, y ésta es su marcha fúnebre.

viernes, 23 de enero de 2026

Tocado y hundido

La vida es una experta en darnos sorpresas. Por más preparados que creamos que estamos, uno nunca está realmente listo para descubrir la verdad sin sobresaltarse, ni para enfrentarse a ella y salir indemne.

No me arrepiento de mi inocencia, no me lamento por mi locura, ni me culpo por los saltos de fe que la ilusión me hace dar. Me enorgullezco de ser la mota del universo más alejada de esta sociedad de realismos y realidades que enmascaran lo bello tras lo bonito, donde se oculta lo puro y se destila lo profundo para poder satisfacer la pretensión y el brillo del latón.

Pero por más que uno acepte la pureza y la verdad como sean, uno siempre intenta aliviar el dolor cuando le aqueja, sea enfrentándolo o rehuyéndole, supongo que porque al hombre le tira el mono que lleva dentro, cuya sabiduría profunda sabe que las heridas que no se dejan de lamer, no se pueden cicatrizar.

Las palabras huecas nunca podrán satisfacer a un corazón hambriento, si no hay sustancia, no hay sustantivo, carece de consistencia de cualquier tipo. Quien se construye castillos en el aire sin cimientos, queda a merced del aire o de la gravedad, y en esa gravedad me encuentro en la que nada pudo escapar del agujero negro que tengo por hogar.

Cuando un dios sangra, una masa de seguidores entra en pánico y se cuestiona su propia existencia, y esto después genera rabia. El engaño poco importa si es intencionado para aquel que lo sufre y debe reconfigurar los cimientos de su realidad, y al final la gente pide sangre. 

Cuando aquél dios bajo la lluvia pasó a mirar a otro lado, pensé que lo coherente era hundirme con mi bote. Al fin y al cabo, uno en sus momentos de tristeza no valora el bombeo de su corazón. No hay lugar para la contemplación y el éxtasis por la vida. 

Y si bien salimos a flote, tanto yo como el bote, y recuperamos la pasión por vivir, respiramos aquél oxígeno y volvimos a valorar que la sangre se hiciera tinta y la tinta contase una historia, una por la que luchar y significar la firma del folio que llamamos existencia, hoy no pediré más sangre que la mía. Hoy me sacio con mi propio ser, y me lamo las heridas, y las dejo sangrar un poco, no vaya a ser que no las deje cicatrizar. Hoy me dejo cicatrizar. Aprovecharé el naufragio para recuperar el cofre y ponerlo a buen recaudo. Este mar salado no se me puede llevar a ningún lado, puesto que es más mío que de ningún otro náufrago.

Y que no me falte banda sonora para esta obra, ya que aunque las musas me abandonen la música siempre será parte de mí.

jueves, 20 de marzo de 2025

Estaba escrito en las estrellas

Nunca voy a dejar de escribir. No puedo. Es como arrancarme el corazón, moriría desangrado.

Con esta canción en bucle de fondo que tanta historia tiene detrás y a escondidas para evitar la bronca de la musa que me tiene el corazón de media vuelta, encuentro este huequito secreto para escaparme cinco minutos que se vuelven horas perdidas y noches casi en vela, casi un avance en la dejadez de mis costumbres dañinas. Me desquito, de a poquito, de las piedras que se me han ido amontonando en la mochila, pero empiezo por las chinas en vez de por las losas, por vago, por pereza, por miedo y por comodidad. Sigo siendo un experto en procrastinar, casi no atino a representar esta faceta que casi tengo que actuar hasta lograr convertirla en mi nueva rutina. He cambiado tanto y sigo siendo el mismo, nunca fui más rápido que mi sombra. 

Escribo retazos de los cuadros que nunca supe pintar, usando palabras sobre un lienzo que no existe, tan sólo en las paredes de la caverna en la que las pinto, la parte cóncava desde la que mi cerebro proyecta todos los sentimientos que poco a poco rebosan y salen hacia fuera. Esas ramas enroscadas como babosas, cual intestino con espasmos que no sabe muy bien cómo terminar de funcionar. Hoy es él quien escribe más que yo, por eso es tan visceral, tan gráfico, tan lógico, tan insípido y tan adulto. Tan distante, como el pasado en el que vive siempre que puede.

Y eso hace que el niño salga y le mande a tomar por culo. El niño no quiere nada de eso, está harto de escuchar al adulto decirle cómo actuar sin pararse a valorar como sentir, que es el mayor sentido del vivir.

El niño no conoce límites, y anima al adulto a transgredir a través de la duda y la crítica. El adulto se presupone inteligente al cuestionar, el niño ríe sabiéndose artífice con su ilusión de transgredir las paredes que la mente pone pero que él sabe que no existen. Salta de un lado y le dice al otro que si quiere se imagine vallas para darle un sentido, ríe porque sí y le dice que imagine el chiste que más le guste al pobre que necesite excusas. Le dirán tonto, le dirán iluso, se hará daño al caerse, al jugar sin mesura ni preocupaciones, llorará y sufrirá como el que más intensamente vive cada momento, y seguirá repitiendo ese bucle mientras viva. Porque eso es lo que hace el niño. Vivir. Vive y pervive y te invita a unirte a esa locura en la que el sentido y la razón se quedan en los sueños que la sociedad llama vigilia, en las responsabilidades de las personas mayores. El niño no es mayor, aguanta al mayor que tiene al lado porque no le queda otra, pero no se deja manchar por la edad que le pesa al adulto petulante que se cree más sabio por ser más aburrido y estar más preocupado. ¿Quiénes somos para darle lecciones a los niños? ¿Qué lecciones merecen realmente la pena? ¿Cuáles realmente aportan algo que no sea miedos y preocupaciones? ¿Acaso no estaremos manchando almas puras con la suciedad que hemos ido acumulando durante estos años? ¿Acaso no nos ha empañado el alma el dolor, las decepciones y los errores que no nos perdonamos?

Dejemos a los niños ser niños. Toda la vida. Que se mueran felices, ajenos a la madurez. Dejémosle eso a los mayores que sólo lo son porque decidieron envejecer. Las almas no envejecen, sólo crecen. La noche es joven porque ahí está mi niña. Le pondremos un jersey que no se quite nunca. Y con suerte todavía estará al otro lado de la cama por la mañana. Y mientras tanto yo no dejaré de escribir, aunque el corazón se me escape a base de golpes en su celda. Quiere salir pero no tiene la llave. Finders Keepers. A ver si lo encuentras. Sólo es una referencia, cuando la encuentres te la quedas. Está esperándote. Y yo mientras tanto me aparto y me voy allí donde me han puesto, esperando paciente en los márgenes de mis sueños hechos realidad. La paciencia es un arte, pero yo no soy artista. El único arte que finjo conocer es el de poner palabras en cadena con algún aparente sentido y que a una persona en el mundo a veces incluso hasta le guste. Me inclino ante esta ovación en silencio, al final de mi obra para un solo espectador. Nunca lo hice por los aplausos ni por la fama, siempre por la necesidad impertérrita de vomitar mi corazón a chorro. No te manches, que destiñe. Traigo mi bolsa transparente para que ni eso se lo quede la imaginación. Y cuando ya no quede nada más que conocer, y sea el acontecimiento más aburrido y predecible que conozcas, te dejo incluso que bajes el telón y termines la función.